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~ LA ENTREVISTA ENMASCARADA (y V): ADRIÁN MARÍN

Adrián Marín subirá este viernes el telón de Lío Ibiza.

Lo disfrutarán sólo cuatro (o tres: los que lleguen y puedan) pero de entrada es buena noticia para Ibiza desde un punto de vista estrictamente gourmet: Pachá ha fichado a Pau Barba (Can Domo) como chef corporativo del grupo y a Adrián Marín (ex Drolma) como jefe de cocina del restaurante-cabaret Lío. A Marín le llovió la oferta laboral en pleno confinamiento y no pudo caerle y refrescarle mejor, pues ya le estaban aplazando los proyectos agendados entre mayo y octubre. «Me hizo mucha ilusión porque, al ser autónomo, empezaba a ver el verano como un abismo», relata este todoterreno de la restauración nacido en Castellón en 1973.  «Yo no soy panadero, pero me hice tres masas madre y reventé el horno con más de veinte tipos de panes», explica para ilustrar cómo vivió la cuarentena en su piso de Barcelona. Como contrapartida a la incertidumbre, pudo pasar más tiempo con sus dos hijas y revisar decenas y decenas de recetas. Salir de ese riguroso encierro urbano con rumbo a la loca Ibiza y convivir con los artistas de Lío en un apartamento de la playa de Figueretes ha sido «como cambiar de planeta en cuestión de horas». Un giro de 180 grados. Debido a las lógicas restricciones sanitarias, este año Lío suspenderá su función discotequera, pero potenciará la programación de espectáculo en vivo, que irá ganando en picardía a medida que avance la noche. No olvidemos que sigue como director escénico el exTricicle Joan Gràcia, buen conocedor de aquellas añoradas revistas sicalípticas del Paral·lel barcelonés. Aquí el pollo a la parrilla cuesta 60 euros, pero sale deshuesado y con guarnición picante de cabaré.

Vista de Dalt Vila desde el restaurante-cabaret Lío.

A 48 horas de la apertura -noche de este viernes 10 de julio-, Adrián Marín está repuliendo los catorce platos de su carta, entre ellos el arroz meloso al pesto con espárragos, los canelones de rostit con bechamel trufada y teja de parmesano, el carabinero XXL con berenjena a la brasa y crema fresca o el huevo poché con trufa negra (de Australia). También habrá propuestas más livianas, tópicas y adelgazantes como un tartar de tomate con stracciatella, una ensalada de mango y salmón, un cucurucho de atún y guacamole o un ceviche de círvia (pez limón). La oferta se redondea con cinco postres, un capítulo dedicado al sushi y raciones de caviar, que no podían faltar en esta Ibiza de caprichos y  precios entre escabrosos y extraterrestres. En general, una carta hecha para gustar y susceptible de ser exportada internacionalmente. No prima la autoría, siempre un asunto individual, sino la visión de empresa, impersonal y pragmática. Marín tiene oficio y sabe muy bien lo que es quitarse de en medio para resultar sencillamente eficiente tanto en el diseño de una oferta gastronómica como en el trato con proveedores o en la creación y formación de equipos. Ha trabajado como asesor del Grupo Tragaluz y del catering Sauleda, como chef ejecutivo de Dry Martini (con Javier de las Muelas), como gerente del restaurante Mextizo… Es experto en aperturas de negocio, pero también en las destrezas del guisar: vivió en primera línea del frente, junto a Fermí Puig, los once años de vida del restaurante Drolma. También se curtió en Can Fabes y en Martín Berasategui. Ahora le toca reflotar -delantal puesto y con la complicidad del gran Pau Barba- este glamuroso local adquirido hace tres años por Trilantic, fondo de inversión fundado por cinco exdirectivos de Lehman Brothers (cinco perlas). Tarea titánica, teniendo en cuenta que estamos a las puertas de la II Crisis Mundial del siglo XXI. La pregunta del billón es: ¿seguirá funcionando el lujo?

P.D.: No te hagas el titán y ponte la mascarilla.

~ HUEVOS CON CHORIZO Y DRY-MARTINI

'El ángel exterminador', rodada en México en 1962.

Afiche de ‘El ángel exterminador’ , realizado por el polaco Kizymuska-Stokovska.

Llevo unos cuantos días pasándomelo pipa con Mi último suspiro, autobiografía de Luis Buñuel redactada por uno de sus mejores guionistas, el también genial Jean-Claude Carrière. Recomiendo esta lectura. El tono me recuerda, por momentos, a Josep Pla. Ambos sueltan lo que les viene en gana y provocan frecuentemente la carcajada, pero lo hacen como quien no quiere la cosa, probablemente de forma involuntaria. A veces, da la sensación de que no son conscientes del alcance de sus burradas, lo que dice aún más a su favor. Buñuel, de origen aragonés, supera al catalán en incorrección. Entre sus películas, me quedo con El ángel exterminador y Las Hurdes, tierra sin pan, «ensayo cinematográfico de geografía humana» rodado en 1933 y prohibido por la censura. Por entonces, los habitantes de esta comarca cacereña se alimentaban únicamente de alubias y patatas (sustituidas en mayo y junio por las cerezas). Extremadura sigue siendo, con Ceuta, la comunidad española más pobre, según el Anuario Económico 2013 de ‘la Caixa’, y Cáceres es la provincia líder en bares. Luis Buñuel dedica un capítulo completo, el titulado Los placeres de aquí abajo, a los bares y a sus tragos favoritos. Para Buñuel, el bar es «un ejercicio de soledad», un lugar de meditación y «recogimiento alcohólico», sin el cual la vida es «inconcebible». El realizador tenía predilección por el dry-martini, ya que sube rápido a la cabeza, y en el citado capítulo da su fórmula para prepararlo. Debemos buena parte de su cine a las ensoñaciones que le provocó este cóctel. Además, la ginebra le ayudó a vencer su miedo a volar. Buñuel se lamenta de la decadencia del aperitivo alcohólico, «triste signo» de «una época  devastadora que todo lo destruye» y que «no respeta ni los bares». En cuanto a las virtudes del alcohol, dice que si tuviera que enumerarlas, «no acabaría nunca». En otro capítulo, titulado A favor y en contra, ofrece una relación de sus aversiones y simpatías, entre ellas las culinarias. Elogios para las sardinas en escabeche «como se hacen en Aragón», adobadas con aceite de oliva, ajo y tomillo, y para los huevos fritos con chorizo, que le proporcionan «más felicidad que todas las langostas a la reina de Hungría u otros timbales de pato a la Chambord».