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~ INTERIORES DE MENORCA (II)

Nofre y Raul Gonyalons, de Algendaret Nou (Maó).

Entre vacas rojas. Nofre y Raul Gonyalons, padre e hijo, se turnan los domingos para poder ordeñar cada día a sus diez vacas vermelles (rojas), raza autóctona que en su día fueron afinando con el concurso de un toro. Obtenida la leche, elaboran en crudo uno de los mejores quesos de la isla, merecedor del aval Arca del Gusto que concede Slow Food. Inspirado por la lectura de los primeros números de la revista Integral, a finales de los 70, Nofre fue pionero al reconvertir Algendaret en una finca de agricultura ecológica. Hoy otro de sus productos punteros es la sobrasada de cerdo negro alimentado con harina de cebada y suero de leche, todo del propio lloc (predio), y además comercializan huevos de gallinas de pastura. Esta vaquería, a sólo 4,5 kilómetros de Maó, ofrece venta directa, pero sus productos pueden encontrarse también en Bio Magatzem, cuidada tienda de alimentos con certificación ecológica.

Queso azul de cabra, elaborado por Marc Casasnovas.

Azul de cabra. Me reencontré al cabo de los años -unos cuantos- con Marc Casasnovas, a quien conozco de su etapa culinaria en Cas Ferrer de sa Font, fonda de Ciutadella donde ponía gambas con queso (hablo de 2003) o paletilla de cabrito con parmentier de manzana. Sigue entre cabras y cabritos, pero ahora retozando en el campo, y elabora uno de los quesos más notables de la isla: el azul (y ecológico) de cabra autóctona menorquina, raza que se ha empeñado en recuperar: ¡un hurra por Marc! Me alegro de que se esté planteando abrir el mismo local -una vetusta y mágica herrería de 1756- pero centrándose en la degustación de quesos locales, proyecto que ni pintado para Menorca. Por el momento, puedes encontrar a este cabrero en su pequeño puesto del mercado agrario de Ciutadella el miércoles o el sábado, día de espléndido ambiente en esta encantadora y bulliciosa plaza de abastos.

Julián Mármol, chef-asesor del nuevo Godai.

Menú menorquinipón. Asistí al menú inaugural de Godai, «el primer japomenorquín del mundo», según reza el lema de su elegante tarjeta de visita. El Grup Moga ha fichado a Julián Mármol, cocinero multimarca afincado en Madrid, para su ambicioso proyecto en Suites del Lago, un cinco estrellas de Cala’n Bosch (Ciutadella). A corto plazo, el objetivo es centrarse en el producto de la isla, pero de entrada se trabaja también con ingredientes foráneos, desde atún de Cartagena hasta salmón de Nueva Zelanda. Les reto a que -por más esfuerzo que suponga- den todo el protagonismo a la despensa local. El chef de Yugo The Bunker y Godai demuestra su habilidad para conjuntar sabores y crear armonías (ortiguilla en tempura con anguila ahumada y escabeche de mejillones) y los bocados tienen esa sutileza desconcertante del paladar nipón. El mejor, sin duda, el fundente nigiri de kamatoro (pieza entreverada del cuello del atún) con gelatina de tosazu (vinagre de arroz macerado). El nombre del restaurante hace alusión a los cinco elementos esenciales, entre los que, según la cultura japonesa, debe incluirse el vacío.

Lluís Anglès, en la tanca o parcela 13 de Binifadet.

Mucho más que vinos. Atentos a la frenética actividad de la bodega-restaurante Binifadet, que ha cogido la gestión del mítico chiringuito Bucaneros, instalado en una vieja caseta de pescadores de Binibèquer, y este mes reabrirá el American Bar, en Maó, con una oferta de tapas y raciones. Además, Lluís Anglès se embarcará junto a Hauser & Wirth en la recuperación de la cantina del hospital militar de la Illa del Rei, islote del puerto mahonés donde esta galería suiza está a punto de abrir un centro de arte. Binifadet tiene planeado para esta ubicación impar un bistró de mar dedicado al producto fresco, según me adelanta Lluís, que ya ha bautizado el establecimiento como Cantina. Ismael Alonso se ocupa, como chef ejecutivo, de toda la oferta gastronómica de este celler de Sant Lluís. Y de cara a lo mucho que aún nos queda de verano, cierro esta reseña con dos refrescantes recomendaciones monovarietales, el rosado de merlot con barrica Tanca nº 13, y el Pieles, chardonnay fermentado en tinajas con hollejos y pepitas.

~ UNA EXPERIENCIA TALAYÓTICA

La Cova des Moro, ejemplo de piedracielismo.

El piedracielismo fue un movimiento poético colombiano que se inspiró en la lírica de Juan Ramón Jiménez, autor de Piedra y cielo, y así es como yo he descrito a veces la entrañable austeridad del paisaje menorquín, que en tantos lugares se reduce a eso, a «piedra y cielo». Me declaro piedracielista, ya que comparto esa doble devoción: por el nobel onubense y por la isla mediterránea de las taules. La semana pasada tuve la suerte de participar en una experiencia piloto de Cómete Menorca que, a través de la gastronomía, nos condujo a la menorca más profunda. Esa vivencia en el poblado naviforme y la quesería de Son Mercer de Baix irá unida en mi cerebro (el tiempo que el pobre pueda) a un plato genial de David de Coca: langosta con resina. Hay bocados así, deslumbrantes y que se anclan en la memoria, unidos a determinados parajes, compañías o momentos de la vida. La propuesta completa se inicia con la visita al yacimiento talayótico, donde se elabora y se degusta moretum, ancestral salsa romana a base de queso, ajo, aceite, vinagre y hierbas aromáticas. Este tentempié se acompaña de una explicación histórica sobre los orígenes de la elaboración de queso en la isla. Conviene entrar y estarse un rato solo en la Cova des Moro, naveta hipóstila, es decir, sostenida por columnas. La experiencia sigue con un recorrido por las instalaciones de la vaquería-quesería para presenciar in situ el proceso de elaboración y probar los diferentes quesos de leche cruda de este lloc. Su apoteósico ‘reserva de familia’ ha estado entre los cinco finalistas en la categoría vaca curado del campeonato estatal GourmetQuesos 2019.

David de Coca, de Sa Llagosta (Fornells).

El trip piedracielista continúa con un menú creado expresamente por David de Coca, patró-cuiner de Sa Llagosta, y servido en las casas de Son Fideu, ocultas en el remoto barranco del mismo nombre. Accedemos en jeep por un estrecho y sinuoso camino sin asfaltar. Antes del festín, cogemos una senda repleta de hierbabuena para ir a venerar al olmo más grande de Menorca… Y pasamos del espectáculo del bosque al de la gastronomía con raíces. A nuestro regreso, tras un aperitivo de gin y zumo de fresa, surtido de aperitivos kaiseki-style servidos sobre una tabla forrada de piel de vaca, entre ellos unas sabrosas habitas frescas ofegades con queso. Como primer entrante, vaca (de mar) con leche fermentada más requesón y pickles, una combinación que vincula dos aficiones de Coca, la pesquera y la viajera: su reciente estancia en Irán le ha inspirado este plato. Viaje a la antigüedad con el oliaigua blanc (sólo mantequilla, ajos, leche y sopas de pan) con ravioli e infusión de cigala y gamba. Momento cárnico con la vermella menorquina –ternera local de gran calidad- en steak tartar y con el toque de queso de Son Mercer de Baix como motivo recurrente. También aparece, en su versión curada y junto a limón y avellana, en la salsa que acompaña al cap-roig al caliu (brasa).

Langosta cocida en sarcófago de resina.

El queso también se encarga de mantecar el arroz cremoso de langosta, que da paso al clímax de este memorable menú: la citada langosta con resina de pino. La cola del crustáceo, con su caparazón, se cubre con resina hirviendo y se reserva sumergida durante unos 40 minutos hasta que el fluido vegetal cristaliza como el ámbar. A la vista del comensal, se rompe el bloque o sarcófago de resina con un mazo y se filetea la langosta en medallones. Aparte, para entibiar el marisco, se hace en cafetera japonesa una infusión o caldo dashi con la cabeza más raya seca, brotes de pino y otros condimentos que en breve contaremos, con todo lujo de detalles, en el apartado de Platos redondos de este blog. Como colofón, a cargo de Lluc Guix, del equipazo de Sa Llagosta, naranja sanguina con helado de kéfir, aceite de oliva y pimienta, y cremosa tarta de queso ahumado con fresas y sorbete de arándanos. El círculo de la piel de vaca se cierra con un velo de leche crujiente con níspero y miel. Los vinos de Binifadet, el pan con mantequilla del forn Pedro (Ferreries) y los dibujos de Nito Serra para los menús personalizados redondean una mañana mágica en las profundidades vegetales de Menorca. Los rincones de esta isla magnética y piedracelista nunca se acaban.

Arroz cremoso de langosta en construcción.

 

~ MENORCA ‘PREMIUM’

Sílvia Tarrrago, Miquel Sánchez, Felip Llufriu y Dani Mora.

Los chefs Sílvia Anglada, Miquel Sánchez, Felip Llufriu y Daniel Mora, en la entrega de los Premis Gastronòmics.

Mucho movimiento en Menorca, una isla que sigue suflando gastronómicamente y que siempre suscita el máximo interés entre los lectores de Ajonegro. Para esta temporada, la gran novedad es que Felip Llufriu abandona el lujoso hotel Can Faustino, pero no la isla: reinaugura en Ciutadella su restaurante, Mon, a principios de abril. Gran noticia, su permanencia en Menorca. Él fue uno de los siete protagonistas de los Premis Gastronòmics 2014, que se entregaron el pasado viernes en la escuela de hostelería. La Associació de Periodistes i Escriptors Gastronòmics de Balears le nombró Chef del Año. El premio al Restaurante Revelación fue para Smoix, de Miquel Sánchez, quien está barajando un cambio de local después de la última gamberrada del ayuntamiento de Ciutadella: prohibir a bares y restaurantes el uso de patios interiores en el casco histórico. Es totalmente absurdo poner trabas al sector cuando la temporada alta sigue reducida a su mínima expresión: dos meses enclenques. Y es inaudito que los mandamases -que no mandan nada: sólo ponen el cazo- no quieran enterarse de que la gastronomía podría convertirse en uno de los principales reclamos turísticos, junto al senderismo, el patrimonio arqueológico, el pequeño comercio local o los deportes acuáticos. Otro de los treinta establecimientos afectados es el Pins46, de Bep Caules, también propietario del Café Balear, un clásico cuya ampliación y remodelación integral acabará en mayo.

'Corns de mar', del bar El Hogar del Pollo (Ciutadella).

‘Corns de mar’, del bar El Hogar del Pollo, en Ciutadella.

Pero sigamos con los premios: la dulce Neus Pons, del Forn Curniola, fue la Repostera del Año (prueben su pastel de piñones); el reconocimiento a la Trayectoria Profesional fue para el cocinero Miquel Mariano, a punto de apagar los fogones de Ca n’Aguedet tras más de treinta años de faena; el premio a la Promoción del Producto Local fue para Sa Cooperativa del Camp, que está dando un gran impulso a la comercialización exterior de los alimentos menorquines; por su parte, el galardón al Maître/Sumiller del Año fue compartido por Toni Tarragó, de Es Tast de na Sílvia, y Nuria Pendás, de Sa Pedrera des Pujol. Este restaurante de Torret, en el municipio de Sant Lluís, puso la guinda al programa que la prensa gastronómica pudo disfrutar con motivo de la entrega de sus premios anuales. El chef Daniel Mora es de los que aún se toman su tiempo para guisar a la antigua usanza: memorables, las verdinas asturianas con langostinos, la caldera de morena con su albóndiga -un plato que ha cocinado en el Viridiana, de Abraham García- y el huevo de gallina con yemas de erizo y botarga (salazón de huevas de pescado). Fuera de guión, descubrí, de la mano de Bep Al·lès, presidente de la Associació de Periodistes i Escriptors Gastronòmics de Balears, dos grandes baretos de Ciutadella para un buen almuerzo de forquilla: El Hogar del Pollo y Bananas. En ambos, ambientazo local y suculentas tapas (callos, albóndigas en salsa, lengua con alcaparras) que también se ponen en bocadillo. Además, probamos excelentes vinos en Binitord, el pequeño celler de Toni Salord. Por último, Lluís Anglès, de Binifadet, nos contó su interesante proyecto hotelero: cabañas dispersas entre viñedos y zona común de wine spa con tratamientos de enoterapia, todo de construcción ecológica. Un tipo de oferta que ya le ha acarreado dos años de trámites burocráticos a pesar de ajustarse sin fisuras al perfil de visitante que mejor entiende Menorca.