Posts Tagged ‘ Antón Chéjov ’

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (II)

El músico y narrador Miquel Serra (1975).

‘MAÎTRE AFFINEUR’, de Miquel Serra. ¿Puede una historia de amor desencadenar el meteórico ascenso profesional del aspirante menos predispuesto? El músico, narrador e ingeniero agrícola Miquel Serra hace trizas el mundo pedante, estirado y circunspecto de los salones gastronómicos y de la cata profesional a través del suplicio de un perito en quesos aclamado mundialmente. En realidad, su protagonista es «un virtuós de la repugnància», ya que valora certeramente las piezas guiándose únicamente por el grado de repulsión que le provocan. Sin sospechar esa aversión congénita y radical, la directora de una revista danesa descubrirá el singular talento de este muchacho griego y le lanzará sin escrúpulos al estrellato gourmet. Tras el poemario Formigues vermelles, publicado en 2014 por Edicions del Despropòsit, Miquel Serra acaba de sacar con Empúries Pendents que arribin els conqueridors, una colección de trece relatos que poco tienen que ver con el hermetismo lírico de las letras de sus canciones. En este cuento satírico sobre un joven mártir se hace patente el sarcasmo multidireccional de su autor: reciben desde el psicoanálisis hasta el displicente carácter nórdico. Perdón, dije al principio que se trataba de una historia de amor, pero sería más justo hablar de un vulgar, abnegado y patético enamoramiento, uno de tantos.

Lord Dunsany (1878-1957).

LAS DOS BOTELLAS DE SALSA, de lord Dunsany. Según se define a sí mismo, el narrador de esta historia es «un hombre sin importancia con un oficio sin importancia»: representante de la salsa Num-numo para carne y entremeses. Y el protagonista es su compañero de piso o, mejor, de un cuchitril del centro de Londres. Ambos tratarán de desentrañar el presunto crimen acontecido en un pueblo de las Colinas del Norte y que ha dejado fuera de combate a Scotland Yard tras una férrea vigilancia sobre el único sospechoso. Se trata de un sujeto que levantó suspicacias por el mero hecho de ser vegetariano y que compró dos botellas de Num-numo poco antes de la desaparición de Nancy Elth. Se reparten el trabajo. El vendedor de salsa acude a inspeccionar el lugar de los hechos y expone todas sus observaciones a su conviviente. Este, un tipo intuitivo, «con la mente de un acróbata», se centra en su gran especialidad: pensar «fuera de los límites de lo pensable». Por cierto, es un brillante ajedrecista, tal como el propio Lord Dunsany, quien en 1942 inventó una variante asimétrica en que un jugador dispone de las 16 piezas convencionales mientras su oponente sale a combatir con 32 peones. Leopoldo María Panero tradujo este cuento para su antología Visión de la literatura de terror anglo-americana.

Antón Chéjov (1860-1904).

LAS OSTRAS, de Antón Chéjov. En esta vívida escena de contenido social, el médico rural y escritor ruso se queja, en boca de un niño famélico, de que los manuales de medicina ignoren una enfermedad tan extendida como el hambre, de síntomas inocuos y extraños. Aquejado de los delirios que le provoca la debilidad, el crío recorre las calles de Moscú en compañía de su padre, abocado a mendigar tras buscar trabajo en vano como escribiente. En esa situación de extrema miseria, el pequeño descubrirá las ostras gracias a la cruel compasión de «dos señores con sombrero de copa». Chéjov, maestro incontestable de la narración breve, escribió ésta en 1884 y veinte años más tarde, el 15 de julio de 1904, dejaba esta vida y su cadáver viajaba desde un balneario alemán hasta la estación de Moscú en un vagón refrigerado para el transporte de ostras. Para más inri, la gente se equivocó de féretro y acabó siguiendo el de un general al que enterraban con música y demás honores militares. Un desenlace póstumo que indignó a su amigo Gorki, pero que probablemente habría divertido a su involuntario protagonista. En el último relato que publicó en vida, Errand (recado)*, Raymond Carver imagina los últimos días de Chéjov en Badenweiler.

* Esta narración ha sido traducida al español por Jesús Zulaika con el título de Tres rosas amarillas (ed. Anagrama).

~ ENTREVISTA A ‘AJONEGRO’

El periodista 'Ajonegro' en un retrato de M

‘Ajonegro’, en un retrato de Miquel Julià.

Huraño y esquivo, pero fácil de tentar, Andoni ‘Ajonegro’ es un periodista o redactor raso (no tolera que le llamen crítico gastronómico) afincado en un suburbio de Palma. Desde la capital de Mallorca, isla célebre por su pasado esplendor turístico, lanza al mundo sus delirios culinarios a través del blog AJONEGRO. Lo fundó en 2011 y este año tan tonto, a diez días de las campanadas, ya ha superado las 41.000 visitas. 

-¿Qué es para usted la gastronomía?

-Dar un garbeo por el bosque en busca de espárragos trigueros. O ir picoteando moras silvestres por caminos igualmente perdidos y solitarios.

-¿Considera la cocina como una de las bellas artes?

-¡Ha dicho arte? Arte es el cuento Las grosellas, de Antón Chéjov, o una sarabanda para chelo de Bach. ¡No me venga con zarandajas!

-¿Cómo ve el futuro de la alta cocina?

-No le veo ningún futuro, al menos por el momento, ya que era una atracción turística y ahora está todo el mundo en casita. Sólo le veo un buen porvenir a la baja cocina, que es la popular, económica y casera.

-¿Cuál es su plato favorito?

-Eso tampoco se pregunta: huevos de corral fritos con patatas… ¡Y ajos!

-Y de los miles que habrá tomado en restaurantes, ¿cuál es el primero que se le viene a la cabeza?

-Una rodaja de merluza asada, de cuatro dedos de grosor -¡cuatro pulgares de carpintero!-, que me sirvieron en la Casa del Mar de Elantxobe hace 25 años. ¡Qué merluza! Merluzas así ya no se ven en los platos… No recuerdo la guarnición.

-¿Cuáles son sus superalimentos favoritos?

-Las sardinas y… ¡la mantequilla de pies de cerdo!

-¿Y si nos vamos al mercado negro?

-Todos los alucinógenos, desde tripis a hongos chiapanecos. No renuncio a los opiáceos -con mesura- y detesto la cocaína, antidroga para horteras y garrulos, ¡una auténtica estafa! La droga es perturbadora y lisérgica o no es.

Ajoblanco

Portada del número 1 de Ajoblanco.

-¿De dónde viene el nombre de ‘Ajonegro’?

-Es un homenaje a Ajoblanco, la revista ácrata que fundaron Pepe Ribas y otros ilustres pillastres en 1974. Resulta que un año antes, justo cuando Ribas anunció su proyecto, la pandilla estaba cenando ajoblanco en el restaurante Putxet, regentado en Barcelona por la malagueña Flora, esposa de un torero sin suerte.

-¿Qué es el amor para Andoni ‘Ajonegro’?

-¿A qué amor se refiere? ¿No será al sucedáneo ese de los tortolitos? Yo sólo admito y reconozco dos formas de amor: la amistad, que es la más desapegada, sutil y elegante, y el amor maternofilial, ejemplo de simbiosis.

-¡Siempre oscilando entre los extremos…! ¿Y qué me dice de esa fama de crápula?

-No haga caso: son meras habladurías. Ya he dejado las farras, los percebes y el gin-tonic de pepino. Me he vuelto doméstico y vespertino. En cuanto a las mujeres, como decía don Julio Caro Baroja, sólo me interesan «como sujetos pensantes».

-¿Se considera un influencer?

-En absoluto. Un influencer, según me cuentan sus víctimas, pretende que le pagues por colgar sus chuminadas. Antes se conformaban con pescar cuatro invitaciones, pero ahora ya quieren pasta gansa. Son unos sinvergüenzas. Yo, por el contrario, no hago más que perder tiempo y dinero con este envidiado y ruinoso oficio.

-¿No le gusta su oficio?

-Sí, pero no da de comer. De todos modos, como decía no sé quién, «es la forma más linda de ser pobre». Y una de las más divertidas.

-¿Le absorbe mucho la gastronomía?

-Sólo al mediodía, a la hora de comer. El resto de la jornada me dedico al consumo compulsivo de música, cine, literatura, tebeos y filosofía.

-¿No acostumbra a cenar?

-Sólo por imperativo laboral y en Nochevieja. Un día cualquiera, en casa, me conformo con la manzana de marras o con un yogur hiperespeciado. Me gusta mucho comer poco.

-¡Es usted un mentiroso compulsivo, señor Ajonegro!

-Y usted es muy libre de creerme o de no creerme. Por cierto, tendría que largarse… ¿No me dijo hace un rato que andaba con prisas?

-Disculpe una última pregunta. ¿Cuál será su cena de fin de año?

-No varío el menú desde hace dos décadas: pollo a l’ast con patatas fritas y abundante tintorro. ¡Y a las diez en el catre!

(Entrevista aparecida el 22 de diciembre de 2020 en Mwananchi, periódico tanzano en lengua swahili).

Otra portada de Ajoblanco (1977).

~ 21.000 VISITAS EN 2012

Antón Chéjov.

Antón Chéjov.

Me llega el informe anual sobre la actividad en AJONEGRO. Los datos más relevantes de 2012 son estos: he publicado 69 entradas (con esta serán 70) y ha habido 21.000 visitas (más las de hoy). El día más movido del año fue el sábado 25 de febrero, con 562 visitas (seguro que hacía frío). El día antes había publicado el segundo artículo más popular del blog hasta la fecha: Mesa en Santi Taura. El más visitado ha sido La receta perdida (citando a Chéjov). El bronce es para Noticia en Selva, sobre la apertura del restaurante Miceli a cargo de Marga Coll. AJONEGRO se ha leído en 66 países, especialmente en España (12.830 visitas), México (890) y Argentina (446). El ranking por países sigue con Suiza, Colombia, Perú, Chile, Estados Unidos, Alemania y Venezuela. Hay dos visitas en Indonesia y una en Cuba. El artículo que ha cosechado más comentarios ha sido Cuatro platos y un deseo, publicado el 2 de enero. Ya que se ha llevado la palma una cita de Antón Chéjov, remato este 2012 con otra frase del maestro ruso: «Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera». Gracias a todos.

~ LA RECETA PERDIDA (CITANDO A CHÉJOV)

Cerezos en flor.

FIRS: En otros tiempos, hace cuarenta o cincuenta años, había tantas cerezas que se guardaban en conserva, se ponían a secar, se hacía mermelada, y entonces…

GÁIEV: Cállate, Firs.

FIRS: Y a veces se enviaban carros enteros de cerezas pasas a Moscú y a Járkov. ¡Había dinero! Y las cerezas pasas entonces eran tiernas, jugosas, dulces, aromáticas… Entonces sabían una receta.

LIUBOV ANDRÉIEVNA: ¿Y ahora dónde está esa receta?

FIRS: La han olvidado. Nadie se acuerda.

(De El huerto de los cerezos)

~ MADRID ME ENGORDA (I)

Una de las buenas tascas de Madrid.

Acabo de volver de Madrid, donde me he tirado tres días con el móvil apagado y la cabeza fuera de cobertura. Madrid me mata, me engorda y me gusta cada vez más. Tiene un aire alegre, canalla, de pueblo llano, que me hace sentir bien y encima es más barato que Palma, cosa que me fastidia bastante. En ciudades como Madrid, donde la gente no sabe estar sin relacionarse, la crisis se nota menos. En Palma, donde antes había cuatro gatos, ahora hay uno, que a veces soy yo. En Madrid, siempre hubo más de cuatro y más de cuarenta gatos en cualquier garito de cualquier barrio. ¡Y qué decir de esos camareros atentos, con nervio, que te saludan antes de que la puerta se cierre a tu paso…! La visita no era por motivos gastronómicos, sino teatrales: Rosana Pastor, actriz amiga, ha estrenado un conmovedor Tío Vania (el clásico de Antón Chéjov) en los Teatros del Canal, espacio cuya dirección artística corre a cargo de Albert Boadella. De todas formas, hubo que comer algo y, como casi no hay duros, escogí dos sitios caros: el Viridiana, de Abraham García, y el Arce, de Iñaki Camba. Cuando se me agota el dinero, tiendo a tirar la casa por la ventana y a gastarlo lo más rápidamente posible a fin de no ir sufriendo y de olvidar por un momento las penurias. Mañana contaré cómo fueron las cosas en esas dos casas del buen comer. Ahora prefiero empezar a leer El huerto de los cerezos, testamento teatral de Chéjov. La obra fue estrenada tal día como hoy, el 17 de enero, de 1904. El maestro ruso murió el 2 de junio de ese mismo año en un balneario de Badenweiler, en la Selva Negra, y su cadáver fue trasladado a Moscú en un vagón de tren refrigerado que se usaba para el transporte de ostras. Veinte años antes había escrito un cuento sobre un niño mendigo titulado Las ostras.