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~ CUENTOS PARA SIBARITAS (VII)

Ray Bradbury (1920-2012).

FUERA DE TEMPORADA, de Ray Bradbury. Este sarcástico relato de Crónicas marcianas admite una lectura alegórica que lo convierte en metáfora de las últimas añadas en terruño turístico.¿Qué pasa cuando el monocultivo se queda sin su ansiada cosecha? Sam, un codicioso y colérico colono de Marte, monta un quiosco de carretera para vender salchichas calientes con ajíes y mostaza a la espera de una avalancha de nuevos terrícolas hambrientos a punto de llegar en diez mil cohetes. Según sus planes patéticos, espera enriquecerse gracias a un rápido aumento de la población y sólo a base de servir frankfurts. Ya para la primera noche, el emprendedor espera que desfilen por su flamante puesto cien mil recién llegados. Además, ya piensa en “las excursiones de los turistas” y se prepara para dar de comer embutido a cinco millones de terrícolas en un año. ¡Ay, las previsiones, las expectativas, los cálculos, el crecimiento…! Justo antes de la inauguración, varios marcianos se le acercan con un mensaje, pero Sam no quiere escuchar, sólo piensa en su inminente negocio y no ve en ellos más que una amenaza… Como es habitual en estos perturbadores relatos de Bradbury, el ambiente es desolador y sombrío, pero con pizcas de ternura y de lirismo. Quim Monzó tradujo al catalán esta cumbre de la… ¿ciencia ficción?

Charles Bukowski (1920-1994).

KID STARDUST EN EL MATADERO, de Charles Bukowski. Está muy bien asomarse al infierno, pero sólo para echar un vistazo y seguir camino. Yo lo hice: estuve trabajando como operario nocturno en la cadena de montaje de un catering de aviación durante un par de veranos. En realidad, un empleo bastante plácido si lo comparamos con el de Kid Stardust en el matadero industrial de animales. La misión de Kid consiste en recoger al vuelo los jamones que le lanzan para pasárselos sin pausa a otro autómata (“carretillas llenas de jamones jamones jamones”) y colgar de un gancho enormes terneras enteras, todo en cadena, deprisa y en un ambiente bastante sanguinolento. Hay que abrazarse a cada ternera como si se fuera a bailar con ella, una vaquita cadáver (“sus huesos muertos contra mis huesos vivos, su carne muerta contra mi carne viva”), y auparla hasta conseguir dejarla enganchada, sin errar el tiro, sin desfallecer, porque “en Norteamérica tienes que ser un ganador, no hay otra salida”. Los débiles y los ineptos deberán apearse del gran sueño: no puede desperdiciarse, así como así, una “BUENA colocación” (las mayúsculas son de Bukowski). El relato forma parte de Erections, Ejaculations, Exhibitions, and General Tales of Ordinary Madness, colección que inspiró a Marco Ferreri la película Storie di ordinaria follia.

Jonathan Swift (1667-1745).

UNA PROPOSICIÓN MODESTA, de Jonathan Swift. Nos trasladamos a Dublín y seguimos en un matadero como escenario narrativo, pero en este caso las víctimas ya no son terneras danzantes sino… ¡rollizos críos de un año! Jonathan Swift aboga por transformar los retoños de las mujeres indigentes en asado de lechal de bebé (y otros manjares) a fin de disminuir el número de pedigüeños y morosos. De hecho, el título completo de este breve ensayo satírico reza así: Una proposición modesta para prevenir que los niños de la gente pobre devengan una carga para sus padres o su país. Según dicho plan, los infantes deberían ponerse en venta con destino a las mesas de los terratenientes, que los adquirirían recién sacrificados, a razón de “diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo”, para su óptimo e inmediato disfrute gastronómico. Un bebé sano y bien amamantado es, al año de edad, “un alimento delicioso y nutritivo, ya sea estofado, asado o hervido, y sin duda alguna puede servir igualmente para un fricandó o un ragú”. A través de este “método justo, barato y sencillo”, de precisión aritmética, Swift se mofa de los planes económicos que sólo se basan en la estadística y cuya implacable racionalidad pulveriza sin escrúpulos todo rastro de empatía interhumana.

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (VI)

G. K. Chesterton (1874-1936).

LA ENSALADA DEL CORONEL CRAY, de G. K. Chesterton. Sin comerlo ni beberlo, el padre Brown se autoinvita a un déjeuner gourmet tras escuchar lo que parece haber sido la detonación de un arma de fuego, de las pocas cosas capaces de alterar su rutina. El almuerzo se celebra para despedir al excéntrico coronel Cray en la mansión de un viejo militar angloindio, donde al parecer acaba de registrarse un robo. De la mesa del comedor, dispuesta como para una comida de gala, ha desaparecido toda la cubertería de plata, incluyendo las palas de pescado y el convoy de vinagreras con sus condimentos. El anfitrión, Putman, tiene en la gastronomía su afición predilecta hasta el punto de que es “uno de esos aficionados que siempre saben más que los profesionales”: una auténtica lata para el cocinero maltés de la casa, acostumbrado a oír lecciones de su jefe. “Espero que no fuera en las islas Caníbal donde Putman aprendió el arte culinario”, señala irónicamente el reverendo en una conversación con el doctor Oman, otro de los invitados al festín. Como si se tratara del sueño de una mañana de verano, van armándose los enredos, afloran las rivalidades sentimentales, desfilan el caos, las pócimas, los antídotos… ¿Podría una simplicísima vinagreta evitar un crimen e incluso esclarecer su tentativa? En la vertiginosa sagacidad del padre Brown está la respuesta a tamaño enigma gastronómico.

Alphonse Daudet (1840-1897).

LAS TRES MISAS REZADAS, de Alphonse Daudet. ¿Existe algún remedio capaz de alejar las tentaciones de la gula? Según el catecismo católico, la virtud de la templanza, pero la moderación brilla por su ausencia en la regalada vida de Dom Balaguère, “capellán a sueldo” de los señores de Trinquelague. Él y su monaguillo, que hace las funciones de diablo, son los protagonistas de este cuento de Navidad firmado por el autor de Tartarín de Tarascón. El reverendo se apresta a oficiar una triple misa del gallo justo antes de una cena que se promete suculenta y opípara, con pavos rellenos de trufas y vinazos dignos del Sumo Pontífice. La impaciencia le puede (el deseo) y, a fin de adelantar la hora del banquete, va acelerando progresivamente el recitado hasta confundir a los fieles, que acaban desconcertados y sin poder seguir su ritmo frenético. La  cabeza del capellán no está en lo que está, sino en las visiones de los faisanes asados, de las truchas y carpas resplandecientes, de las salsas perfumadas con finas hierbas… Y ya dicen que no se puede estar en misa y repicando. Alphonse Daudet se pone anticlerical en este divertido relato navideño que va derivando hacia lo fantasmagórico.

Osamu Dazai

Osamu Dazai (1909-1948).

CEREZAS, de Osamu Dazai. Como es tiempo de cerezas, aquí viene este relato de un escritor japonés que logró quitarse de en medio a los 38 años pero sólo después de cuatro intentonas previas. Como ahora, fue en junio, mes de las cerezas, cuando a Osamu Dazai le dio por arrojarse junto a su amante a un canal del río Tama -crecido de aguas debido a las lluvias monzónicas- en un suburbio tokiota. Alternando bruscamente primera y tercera persona, el autor dibuja una escena de infelicidad conyugal -a la hora de comer con tres hijos pequeños- y se autorretrata como un padre incapaz de acarrear con la sobrecarga de responsabilidad, atormentado por su inutilidad para los asuntos domésticos y propenso a la evasión. El alcoholismo y las ideas suicidas se exponen a las claras en este cuento sobre “la pelea de un matrimonio”, una pareja tranquila que ya ha empezado a hablar poco y a ocultarse demasiado. “La vida es algo muy complicado. Nos encadenamos a multitud de personas y obligaciones, y cada vez que intentamos salir un poco de lo establecido, todo sangra a chorros”, escribe en el cuento que cierra su volumen Repudiados. Cada 19 de junio, fecha en que fueron rescatados los cadáveres -entrelazados por el cordel rojo de los amantes-, los devotos lectores de Dazai depositan sobre su tumba, a modo de ofrenda, cerezas, flores, sake y cigarrillos baratos.

 

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (V)

Alfonso Reyes (1889-1959).

Alfonso Reyes (1889-1959).

EL COCINERO, de Alfonso Reyes. Así como antiguamente los vecinos llevaban al horno comunal los cochinillos y otras viandas crudas para que el fuego cumpliera su alquímica misión, en este microcuento los letrados acuden con palabras recién inventadas. Un cocinero les ayuda a acabar su obra y les devuelve los vocablos en su punto para que puedan degustarlos y digerirlos sin temor. Ahora bien, el resultado de la cocción es siempre incierto: en una ocasión, el chef hornea huelga y sale juerga, lo que provoca una sonada protesta popular. En otro ejemplo, la palabra motín se somete a un asado civilizatorio y reaparece como mitin, una transformación visionaria y que le vale al cocinero la máxima condecoración culinaria: el Cordon Bleu. Las cosas se tuercen, o atascan, cuando un grupo de sabios aparece con una palabra enorme, Dios, y el cocinero la echa al fuego… El sucinto relato forma parte de Calendario -obra publicada en 1923- y refleja la obsesión gastronómica del escritor mexicano, autor de unas Memorias de cocina y bodega y de un Debate entre el vino y la cerveza.

Quim Monzó (1952).

Quim Monzó (1952).

SOBRE LA VOLUBILITAT DE L’ESPERIT HUMÀ, de Quim Monzó. Si en el cuento reseñado previamente se hornean palabras para su consumo una vez asadas, el protagonista de Monzó recorta letras y se las zampa crudas. Empieza con caracteres sueltos, sigue con sílabas, pasa a palabras enteras y, al cabo de unos días, ya ha reemplazado los alimentos convencionales por una dieta cien por cien literaria. Poco a poco aprenderá a distinguir entre las diferentes tipografías: la times, por ejemplo, le sabe a poco y le deja tan indiferente que llega a compararla con “un lluç bullit” (merluza hervida). No tardan en llegar los ensayos -con sus errores y aciertos- en materia de maridaje. Entre sus hallazgos, la armonía entre un buen penedès y los tipos sans-serif o de palo seco (sin remates en los extremos). Pronto el literófago no se conformará con meros recortes y pasará a engullir revistas enteras, prospectos farmacéuticos, tochos de enciclopedia y cosas bastante peores. El escritor y periodista catalán, autor de hilarantes columnas gastronómicas, incluyó la historia del devorador de letras en su volumen de cuentos Uf, va dir ell.

Haruki Murakami (1949).

EL AÑO DE LOS ESPAGUETIS, de Haruki Murakami. ¿Qué ofensa, síndrome o infortunio llevaría al joven protagonista de este relato a enterrarlo todo, retirarse y ponerse a cocinar espaguetis todos los días de 1971 “como si fuera un acto de venganza”? No lo sabemos, pero nos cuentan que, al menos durante ese año de su vida, él “hacía espaguetis para vivir y vivía para hacer espaguetis”. Después de agenciarse una enorme olla de aluminio “donde habría cabido un perro pastor alemán”, hace acopio de recetarios y de especias a fin de soportar un año entero comiendo y cenando de espaguetis. Ya sean alla napoletana, ya al aglio e olio, siempre los engulle en silencio y en soledad, acompañados de una sencilla ensalada de lechuga y pepino. ¿Los espaguetis como trasunto de la vida individualista, egocéntrica e insolidaria? Tal vez, porque ese apego delirante a un solo ingrediente le sirve también como pretexto (“es que ahora tengo los espaguetis al fuego”) para desatender los asuntos ajenos y evitar relacionarse con nadie. En este cuento de su libro Sauce ciego, mujer dormida, Murakami traza el drama doméstico de un hikikomori o ermitaño gastronómico.

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (IV)

Giovanni Papini (1881-1956).

EL CANÍBAL ARREPENTIDO, de Giovanni Papini. No hay dos sin tres, así que aquí va el tercer relato sobre antropofagia de esta antología de cuentos para sibaritas. Forma parte del manuscrito que un tal Gog confía al narrador en un manicomio privado. Entre las páginas que le lega este millonario hawaiano -“un cínico, sádico, maniático, hiperbólico semisalvaje”-, aparece Nsumbu, viejo africano cuyo vientre sirvió de sepulcro a trescientos humanos mientras esta práctica era legal en su tierra antes de ser colonizada. Gog le adopta para garantizarse una conversación “más apetitosa” que la que podría procurarle un cura, un boss o un asceta, pero sufre una gran desilusión: Nsumbu ha caído “en la imbecilidad” y se ha vuelto vegetariano. El africano justifica su conversión dietética en la posesión por parte de una de sus víctimas nutricias: un blanco misericordioso cuya alma le ha atormentado y vencido con “la tentación de la piedad”. Nsumbu acaba recordando con náuseas aquella raciones de “enemigo asado” y, en una concesión final a los misioneros europeos, acaba limitando su ingesta al consumo de legumbres y fruta, pero ese arrepentimiento hará que se gane el repudio del caprichoso Gog. Hay una espléndida traducción del menorquín Màrius Verdaguer.

Sergi Pàmies (1960).

EL QUE NO HEM MENJATde Sergi Pàmies. Cambiemos de dieta (ni canibal ni vegeta) para acudir a la consulta de una dietista diplomada. ¿Será posible que surja el amor en una sala de espera rabiosamente convencional? Por descontado que sí. Homenajeando en su título a Josep Pla (El que hem menjat) y aliñando el relato con abundante jerga gastronómica, el autor nos guisa un divertido affaire a fuego lento entre dos usuarios de mediana edad. Estos “companys de fatiga” en la penosa tarea de adelgazar van cumpliendo objetivos y se van quitando quilitos mientras maceran sin prisas la atracción mutua… ¿Llegará el ansiado momento de flambear su recatada pasión adúltera? ¿Se encenderá vistosa y vulgarmente para apagarse en un pispás como el merengue de un espectacular soufflé Alaska? Esta historia del escritor y periodista francocatalán (nacido en París por causa del exilio de su padre, Gregorio López Raimundo, dirigente del PSUC) forma parte de La bicicleta estàtica, conjunto de 19 relatos marcados por los “naufragis de la maduresa”, tal como te anticipa la reseña de contraportada.

Michel Tournier (1924-2016).

LA LEYENDA DEL PAN, de Michel Tournier. Mediante un romance común, el escritor francés nos cuenta cómo se creó, en una aldea del Finisterre bretón, el primer panecillo de chocolate. El hijo del panadero de Pouldreuzic y la hija del panadero de Plouhinec se enamoran. Si en el pueblo del novio tocan la bombarda, cultivan alcachofas, escancian sidra y hacen un bollo suave que es todo miga, en el de la novia prefieren sonar la gaita, dedicarse a la patata, fermentar jugo de pera y elaborar panes duros y resistentes (todo corteza) para proveer a los marineros. A fin de evitar humillaciones y conflictos entre los pueblos rivales, se trasladan a vivir a medio camino, a Plozévet, donde abren la primera panadería. De cara a la boda y a su nuevo negocio, la pareja decide crear un pan nuevo, híbrido y síntesis de las dos variedades: un pan duro-blando. Al novio le toca lograr un pan crustáceo: duro por fuera y blando por dentro como un bogavante. Más ardua es la papeleta para la novia, crear el pan vertebrado: blando por fuera y duro por dentro como el conejo. Tournier incluye esta leyenda en Medianoche de amor, obra inspirada en Il Decamerone, de Bocaccio, y en que una pareja organiza un copioso festín de manjares marinos para anunciar a los amigos su inminente separación.

 

 

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (III)

Julio Cortázar (1914-1984).

CIRCE, de Julio Cortázar. Tras urdir este relato, el autor pudo comprobar que su escritura le había servido para superar “una pequeña neurosis”: el temor de encontrar bichos en la comida. Una fobia fatigosa y “que le estropea a cualquiera un buen almuerzo”, según le confesó al periodista Ernesto González Bermejo. Fue un caso de autoterapia inconsciente y con final feliz, pues un buen día Cortázar se encontró “comiendo un puchero a la española sin mirar lo que comía”, sin ir a hurgar en la amenaza de cada bocado. Circe es la historia de un noviazgo común -hecho a base de visitas y paseos- y de una aberración “de orden patológico” y difícil curación. La joven Delia Mañara, la protagonista, ejerce el papel de maga seductora, de Circe, “la divina entre las diosas”, de lindas trenzas y conocedora de muchas drogas, tal como Homero nos la define en la décima rapsodia de La Odisea. Aquí la isla de Eea se transfigura en el barrio porteño de Almagro y los brebajes adoptan forma de bombones rellenos, “de pulpa dulce y esquiva”, pero a veces también con “un dejo raramente salado (en lo más lejano del sabor)”. El novio hace las veces de Ulises (¿logrará salvarse como el héroe?) en esta inquietante y morbosa historia de Bestiario, primer volumen de cuentos del maestro argentino.

Patricia Highsmith (1921-1995).

LA PERFECCIONISTA, de Patricia Highsmith. Por sus efectos paralizantes, el perfeccionismo es uno de nuestros más temibles enemigos interiores. En el fondo, es probable que se trate de una fobia: el miedo a defraudar por no alcanzar la tan anhelada (y detestable) excelencia. ¿Acaso hay dosis de estoicismo capaz de librar del estrés mientras se espera la llegada de veinte invitados? La hipocondríaca y obsesiva ama de casa Margot Fleming ha renunciado a cocinar por temor a que sus guisos no sean “lo bastante buenos”, de tal modo que ella y su marido frecuentan los restaurantes. Ante la sorpresa de éste, un buen día decide pasar a la acción para demostrar que también puede ser “la esposa perfecta”. Con la ayuda del Larousse Gastronomique y sacrificando el descanso nocturno a fin de ensayar los platos, prepara concienzudamente un menú para veintidós comensales. ¿Saldrá airosa de tan exigente reto? En esta pieza culinaria de sus Little Tales of Misogyny, Highsmith se vale de una neurasténica entrañable para hacer vudú contra el despiadado modelo de mujer ideal. Y esta perfeccionista me lleva a releer El perfeccionista en la cocina (‘pedante’ en el título original), divertido texto autobiográfico de Julian Barnes.

Miquel Àngel Riera (1930-1996).

LA GÀBIA DE VIDRE, de Miquel Àngel Riera. Este cuento fue escrito en 1977, pero yo lo leí en plena desescalada de mayo de 2020 y no daba crédito… El escritor de Manacor describe en La jaula de cristal un restaurante calcado a lo que en ese momento se avecinaba. Traduzco: “…una jaula múltiple, una espectacular vitrina para exhibir seres humanos de todo pelaje (…), una caja de cristal adosada a otras cajas de cristal”. Cada cliente, aislado y protegido por “mamparas transparentes” en su cubículo silencioso, en su “pecera de lujo”. Por fin, el lugar perfecto para la gente “que no quiere molestar ni ser molestada”, el summum del reservadito individual. En cuanto al efecto global, un extraño juego óptico de imágenes mutiladas a causa de la refracción múltiple propiciada por las pantallas: anonimato máximo. ¿Sería posible el flechazo entre desconocidos en un “un zoológico” como el descrito? ¿Sería factible interactuar dentro de aquella “enorme colección de estuches de vidrio” y entre comensales desmembrados? Miquel Àngel Riera firma otra obra maestra del absurdo cotidiano en este divertido relato de su volumen La rara anatomia dels centaures.

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (II)

El músico y narrador Miquel Serra (1975).

‘MAÎTRE AFFINEUR’, de Miquel Serra. ¿Puede una historia de amor desencadenar el meteórico ascenso profesional del aspirante menos predispuesto? El músico, narrador e ingeniero agrícola Miquel Serra hace trizas el mundo pedante, estirado y circunspecto de los salones gastronómicos y de la cata profesional a través del suplicio de un perito en quesos aclamado mundialmente. En realidad, su protagonista es “un virtuós de la repugnància”, ya que valora certeramente las piezas guiándose únicamente por el grado de repulsión que le provocan. Sin sospechar esa aversión congénita y radical, la directora de una revista danesa descubrirá el singular talento de este muchacho griego y le lanzará sin escrúpulos al estrellato gourmet. Tras el poemario Formigues vermelles, publicado en 2014 por Edicions del Despropòsit, Miquel Serra acaba de sacar con Empúries Pendents que arribin els conqueridors, una colección de trece relatos que poco tienen que ver con el hermetismo lírico de las letras de sus canciones. En este cuento satírico sobre un joven mártir se hace patente el sarcasmo multidireccional de su autor: reciben desde el psicoanálisis hasta el displicente carácter nórdico. Perdón, dije al principio que se trataba de una historia de amor, pero sería más justo hablar de un vulgar, abnegado y patético enamoramiento, uno de tantos.

Lord Dunsany (1878-1957).

LAS DOS BOTELLAS DE SALSA, de lord Dunsany. Según se define a sí mismo, el narrador de esta historia es “un hombre sin importancia con un oficio sin importancia”: representante de la salsa Num-numo para carne y entremeses. Y el protagonista es su compañero de piso o, mejor, de un cuchitril del centro de Londres. Ambos tratarán de desentrañar el presunto crimen acontecido en un pueblo de las Colinas del Norte y que ha dejado fuera de combate a Scotland Yard tras una férrea vigilancia sobre el único sospechoso. Se trata de un sujeto que levantó suspicacias por el mero hecho de ser vegetariano y que compró dos botellas de Num-numo poco antes de la desaparición de Nancy Elth. Se reparten el trabajo. El vendedor de salsa acude a inspeccionar el lugar de los hechos y expone todas sus observaciones a su conviviente. Este, un tipo intuitivo, “con la mente de un acróbata”, se centra en su gran especialidad: pensar “fuera de los límites de lo pensable”. Por cierto, es un brillante ajedrecista, tal como el propio Lord Dunsany, quien en 1942 inventó una variante asimétrica en que un jugador dispone de las 16 piezas convencionales mientras su oponente sale a combatir con 32 peones. Leopoldo María Panero tradujo este cuento para su antología Visión de la literatura de terror anglo-americana.

Antón Chéjov (1860-1904).

LAS OSTRAS, de Antón Chéjov. En esta vívida escena de contenido social, el médico rural y escritor ruso se queja, en boca de un niño famélico, de que los manuales de medicina ignoren una enfermedad tan extendida como el hambre, de síntomas inocuos y extraños. Aquejado de los delirios que le provoca la debilidad, el crío recorre las calles de Moscú en compañía de su padre, abocado a mendigar tras buscar trabajo en vano como escribiente. En esa situación de extrema miseria, el pequeño descubrirá las ostras gracias a la cruel compasión de “dos señores con sombrero de copa”. Chéjov, maestro incontestable de la narración breve, escribió ésta en 1884 y veinte años más tarde, el 15 de julio de 1904, dejaba esta vida y su cadáver viajaba desde un balneario alemán hasta la estación de Moscú en un vagón refrigerado para el transporte de ostras. Para más inri, la gente se equivocó de féretro y acabó siguiendo el de un general al que enterraban con música y demás honores militares. Un desenlace póstumo que indignó a su amigo Gorki, pero que probablemente habría divertido a su involuntario protagonista. En el último relato que publicó en vida, Errand (recado)*, Raymond Carver imagina los últimos días de Chéjov en Badenweiler.

* Esta narración ha sido traducida al español por Jesús Zulaika con el título de Tres rosas amarillas (ed. Anagrama).

~ CUENTOS PARA SIBARITAS (I)

Roald Dahl (1916-1990).

CORDERO ASADO, de Roald Dahl. En Tales of the Unexpected, el escritor galés traza la historia de un crimen tan simple como perfecto. Tal vez, la clave de esa perfección resida en su carácter impremeditado, pues sólo muy raramente aquello que planeamos acaba amoldándose al guión previsto. Un detective de policía regresa a su casa y, como todas las tardes, lo primero que hace es sentarse a beberse el whisky que le prepara su santa esposa. En esta ocasión, además, el hombre le hace una terrible confesión cuyo contenido no consta pero el lector intuye. Sin inmutarse, la mujer, que está embarazada de seis meses, se aferra a la rutina doméstica y prepara para cenar una hermosa pierna de cordero asada con guarnición de patatas y guisantes de lata. Hay varias adaptaciones para la pequeña pantalla, una de ellas dirigida por Alfred Hitchcock, gran admirador de Dahl. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto!, Pedro Almodóvar le dedica un homenaje en versión porcina.

Edgar Allan Poe (1809-1849).

EL TONEL DE AMONTILLADO, de Edgar Allan Poe. Dos expertos en vino protagonizan, sin más compaña viviente, este tétrico relato de la última etapa de Poe. Una anécdota que el lector desconoce, pero de la que se infiere un insulto y su consecuente humillación, da pie a un desenlace en forma de venganza. En este caso, no se servirá como plato frío, sino como trago helado, en las húmedas catacumbas salitrosas de un palacio italiano. El mínimo argumento sirve para ridiculizar el engreimiento de los connaisseurs en materia de vinos, con una barrica de amontillado a modo de fatal señuelo. Estamos en carnaval y Fortunato, la víctima, anda disfrazado de bufón. Su oponente, el sádico Montresor, sentencia que los enófilos italianos fingen entusiasmo con el único objetivo de “engañar a los millonarios ingleses y austriacos”. Chicho Ibáñez Serrador renunció a su sueldo para dirigir una libérrima adaptación ambientada en un pueblo de la Borgoña durante la fiesta de la vendimia.

Arthur Charles Clarke (1917-2008).

EL ALIMENTO DE LOS DIOSES, de Arthur C. Clarke. Hace sesenta años, el autor de 2001: A Space Odyssey anticipó en este cuento un mundo en que los hombres se nutrirían sólo de alimentos sintéticos. La conquista de la industria alimentaria por parte de las empresas químicas ha logrado eliminar el hambre en el mundo y ha hecho que desaparezcan “aquellas repugnantes instituciones que eran los mataderos y las carnicerías”. Los menús de restaurantes famosos, hoy “ilegibles” por su “cruda franqueza”, son ya un vestigio reservado a historiadores: tanto los “calamares fritos” como la “langosta con miel” se consideran platos exóticos y repulsivos. Ahora se producen nuevos alimentos todas las semanas. El último gran lanzamiento es la Ambrosía Plus, creado por la Corporación Triplanetaria de Alimentación y considerado “el alimento ideal de la humanidad”. ¿Lograrán averiguar sus competidores de qué se compone esta versión futurista de la ambrosía griega? Clarke rinde tributo a H. G. Wells, quien en su novela The Food of the Gods and How It Came to Earth imagina una sustancia que convierte a los niños en gigantes al acelerar su crecimiento. Las cosas se complican cuando también acceden a este alimento las avispas y las ratas.

 

~ PROLOGANDO ‘ARCHIPIÉLAGO SUQAR’

Portada de la novela de Mar Barba.

A la hora de escoger destinos de viaje, nunca apunto demasiado lejos. Prefiero profundizar en el entorno, abundar en lo más próximo, que en mi caso es el pequeño e inabarcable Mediterráneo. Me gusta reconocer las analogías, hallar las afinidades, descubrir otras miradas sobre lo que es propio y, al mismo tiempo, común, compartido, y como periodista gastronómico, gozar de las variaciones sobre una misma despensa. La segunda novela de Mar Barba es también una forma de celebrar lo que nos une y distingue a la vez gracias a los sutiles matices de cada orilla. Así, la berenjena –por citar un ingrediente de culto en Mallorca, mi isla de residencia– protagoniza el zaalouk marroquí en compañía de tomate y especias, se entrelaza con pimientos asados y migas de bacalao en el popular esgarraet valenciano o se acopla al pesto rojo calabrés junto a los tomatitos secos y la guindilla. Tres formas de interpretar el fruto morado en los tres escenarios que acogen esta novela.

Archipiélago Suqar es un festín de aromas y sabores, una narración que traba ingredientes y ensarta historias de ardua supervivencia. Sus personajes son errantes: se mueven, migran, viven “en tránsito” –título de su anterior novela–, dejándose guiar por el hedonismo y el entusiasmo. También por el compromiso, la aventura y la solidaridad porque, en definitiva, todo viaje (no meramente turístico) conlleva una búsqueda del otro y un anhelo, más o menos consciente, de autotransformación. Mar Barba es también una mujer nómada. Tras vivir en Italia, Suiza y Francia, en 1993 fundó en la capital valenciana el restaurante Alghero, lugar donde la conocí por mediación del gastrónomo Antonio Vergara. Este añorado maestro de la ironía aparece en la novela, durante una de sus inspecciones culinarias tras el seudónimo de Ibn Razin, que adoptó en homenaje a un jurista, poeta, historiador y gastrónomo murciano del periodo andalusí. ¡Qué rápida y temerariamente tendemos a olvidar nuestra propia historia!

Además de un elogio del mestizaje gastronómico cabal, con sentido (al trasladarse a Valencia, la tangerina Adila prepara la bastella con acelgas y gambitas), la segunda novela de Mar Barba es también una apología de la convivencia entre culturas, con el literario Tánger de los 60 como paradigma de tolerancia. Junto a subtemas como la fiebre del ladrillo, las mafias caciquiles locales o la gentrificación, otro de los asuntos protagonistas de este relato costumbrista e intergeneracional es la amistad, afecto impermanente (como todo) y que, en ocasiones, ha de ser objeto de reconstrucción. Y por último, pero no menos importante, Archipiélago Suqar es un tributo a la lucha cotidiana de las mujeres, a su humana implicación, a su sobresfuerzo como sexo oprimido y a su íntima conexión con la vida.

(Prólogo a la segunda novela gastronómica de Mar Barba, Archipiélago Suqar, editada en 2020 por Els Vents del Mediterrani)

~ 2020, NI TAN MALO

Pau Navarro, chef del Clandestí. Foto: Tarek Serraj

Boyante, no, desde luego. No ha sido un año próspero, ni alegre en demasía. 2020 ha sido, ante todo, discreto y silencioso (“ha pasado de largo”, según mi madre), si excluimos el ruido que meten a todas horas congresistas y noticieros. Ha habido, por suerte, menos avioncitos, motos atronantes y megacruceros, al menos en Mallorca. Una añada sin turistas, un larguísimo episodio de hipoactividad, un año dilluns [lunes, día de cierre], un ejercicio zen y sin embrollos contables para el autónomo de vuelta al paro, deporte paralímpico y nacional. Un año para darse alegremente al inagotable trabajo no remunerado (doméstico, introspectivo: para lisiados), que hoy ya compensa más que el periodismo activo y tantas veces radiactivo por previsible, adocenado y banal. Pues resulta que, con todo, ha sido el mejor año de AJONEGRO, diario libre que empezó su trastabillante andadura el 5 de noviembre de 2011. Lo diré, por no ofender, con la boca pequeña: el número de visitas ha rebasado en 2020 cualquier posible expectativa: han sido 42.355 (lo leo y no lo creo). ¿Qué significa eso, además de nada? Para mí, sólo una cosa: que seguiré un ratito más picando letra, pero con la esperanza de que el blog transcienda pronto (ya veremos si hay tiempo) los contenidos meramente gastronómicos. La gastronomía es el opio del pueblo.

La barra con cocina vista de Andana.

Con 3.057 visitas (7%), el artículo de 2020 más leído ha sido, con diferencia, el dedicado a la reaparición del Clandestí como asador de volatería (y  mucho más) tras el confinamiento primaveral. A finales de mayo, después de dos meses realmente cenizos para todo perro pichichi, Pau Navarro y Ariadna Salvador resurgieron a lo fénix, sorprendieron y acertaron con su propuesta de carta take away y menú de mediodía todo a l’ast. Vaya la ovación sonora de este blog por ese saber revolverse sin complejos ni prejuicios y por su sabrosura de barrio. El segundo post más leído, con 916 visitas, va de otro sonado caso de reinvención: el de los hermanos Maca y Dani de Castro. Ante la debacle turística, se liaron la manta a la cabeza y, sin perder el tiempo, abandonaron Alcúdia para botar a finales de junio el restaurante Andana en el epicentro de Palma. Llegar y besar el santo, con llenos diarios, gracias a una propuesta culinaria comercial y de calidad. El tercer puesto es compartido por dos publicaciones, ambas con 782 lecturas: la noticia del cierre de La Fonda de Sóller, que regentó en Palma durante 17 años el cocinero Rafa Martínez (un caso más de gentrificación), y un asunto previo al confinamiento: Quatre peixos, quatre illes, el evento gastronómico del 1 de Març, Dia de les Illes Balears, tramado por Ajonegro, dedicado en esta tercera edición al pescado local de descarte y con participación de cocineros de las cuatro islas. ¡Quién iba a decirnos entonces, con semejante fiestón, que en dos semanas iban a someternos a reclusión forzada!

Código para degustar Ajonegro.

 

 

 

~ ENTREVISTA A ‘AJONEGRO’

El periodista 'Ajonegro' en un retrato de M

‘Ajonegro’, en un retrato de Miquel Julià.

Huraño y esquivo, pero fácil de tentar, Andoni ‘Ajonegro’ es un periodista o redactor raso (no tolera que le llamen crítico gastronómico) afincado en un suburbio de Palma. Desde la capital de Mallorca, isla célebre por su pasado esplendor turístico, lanza al mundo sus delirios culinarios a través del blog AJONEGRO. Lo fundó en 2011 y este año tan tonto, a diez días de las campanadas, ya ha superado las 41.000 visitas. 

-¿Qué es para usted la gastronomía?

-Dar un garbeo por el bosque en busca de espárragos trigueros. O ir picoteando moras silvestres por caminos igualmente perdidos y solitarios.

-¿Considera la cocina como una de las bellas artes?

-¡Ha dicho arte? Arte es el cuento Las grosellas, de Antón Chéjov, o una sarabanda para chelo de Bach. ¡No me venga con zarandajas!

-¿Cómo ve el futuro de la alta cocina?

-No le veo ningún futuro, al menos por el momento, ya que era una atracción turística y ahora está todo el mundo en casita. Sólo le veo un buen porvenir a la baja cocina, que es la popular, económica y casera.

-¿Cuál es su plato favorito?

-Eso tampoco se pregunta: huevos de corral fritos con patatas… ¡Y ajos!

-Y de los miles que habrá tomado en restaurantes, ¿cuál es el primero que se le viene a la cabeza?

-Una rodaja de merluza asada, de cuatro dedos de grosor -¡cuatro pulgares de carpintero!-, que me sirvieron en la Casa del Mar de Elantxobe hace 25 años. ¡Qué merluza! Merluzas así ya no se ven en los platos… No recuerdo la guarnición.

-¿Cuáles son sus superalimentos favoritos?

-Las sardinas y… ¡la mantequilla de pies de cerdo!

-¿Y si nos vamos al mercado negro?

-Todos los alucinógenos, desde tripis a hongos chiapanecos. No renuncio a los opiáceos -con mesura- y detesto la cocaína, antidroga para horteras y garrulos, ¡una auténtica estafa! La droga es perturbadora y lisérgica o no es.

Ajoblanco

Portada del número 1 de Ajoblanco.

-¿De dónde viene el nombre de ‘Ajonegro’?

-Es un homenaje a Ajoblanco, la revista ácrata que fundaron Pepe Ribas y otros ilustres pillastres en 1974. Resulta que un año antes, justo cuando Ribas anunció su proyecto, la pandilla estaba cenando ajoblanco en el restaurante Putxet, regentado en Barcelona por la malagueña Flora, esposa de un torero sin suerte.

-¿Qué es el amor para Andoni ‘Ajonegro’?

-¿A qué amor se refiere? ¿No será al sucedáneo ese de los tortolitos? Yo sólo admito y reconozco dos formas de amor: la amistad, que es la más desapegada, sutil y elegante, y el amor maternofilial, ejemplo de simbiosis.

-¡Siempre oscilando entre los extremos…! ¿Y qué me dice de esa fama de crápula?

-No haga caso: son meras habladurías. Ya he dejado las farras, los percebes y el gin-tonic de pepino. Me he vuelto doméstico y vespertino. En cuanto a las mujeres, como decía don Julio Caro Baroja, sólo me interesan “como sujetos pensantes”.

-¿Se considera un influencer?

-En absoluto. Un influencer, según me cuentan sus víctimas, pretende que le pagues por colgar sus chuminadas. Antes se conformaban con pescar cuatro invitaciones, pero ahora ya quieren pasta gansa. Son unos sinvergüenzas. Yo, por el contrario, no hago más que perder tiempo y dinero con este envidiado y ruinoso oficio.

-¿No le gusta su oficio?

-Sí, pero no da de comer. De todos modos, como decía no sé quién, “es la forma más linda de ser pobre”. Y una de las más divertidas.

-¿Le absorbe mucho la gastronomía?

-Sólo al mediodía, a la hora de comer. El resto de la jornada me dedico al consumo compulsivo de música, cine, literatura, tebeos y filosofía.

-¿No acostumbra a cenar?

-Sólo por imperativo laboral y en Nochevieja. Un día cualquiera, en casa, me conformo con la manzana de marras o con un yogur hiperespeciado. Me gusta mucho comer poco.

-¡Es usted un mentiroso compulsivo, señor Ajonegro!

-Y usted es muy libre de creerme o de no creerme. Por cierto, tendría que largarse… ¿No me dijo hace un rato que andaba con prisas?

-Disculpe una última pregunta. ¿Cuál será su cena de fin de año?

-No varío el menú desde hace dos décadas: pollo a l’ast con patatas fritas y abundante tintorro. ¡Y a las diez en el catre!

(Entrevista aparecida el 22 de diciembre de 2020 en Mwananchi, periódico tanzano en lengua swahili).

Otra portada de Ajoblanco (1977).