~ MENORQUINAMENTE (I)

en Fornells. Foto: Luca Rinaldini

Cosecha de flor de sal en Fornells. Foto: Luca Rinaldini

Cada año viajo una o dos veces a Menorca (y si son tres, mejor) para explorar la isla menos aburrida del archipiélago. No hay sierra en la que perderse, ni antros de moda donde desmadrarse o donde apoquinar un millón de euros por botella de champán y presumir de ruso tonto, pero es la más turbadora. Es, también, la que más está sufriendo la timo-crisis debido a su brevísima temporada estival: dos meses mondos y lirondos. No ha sabido o no ha querido crear marca, como ha hecho Ibiza a costa de autodestruirse, pero siempre se está a tiempo. La clave está en dirigirse -durante todo el año- a ese viajero tranquilo, no gregario, más amante de los paisajes austeros y despoblados que de las playas infestadas de clubes altisonantes. Serán menos, de acuerdo, pero todo es encontrarlos y ofrecerles alicientes a su medida. Por ejemplo, la visita a la Reserva de la Concepció, donde tuve la gran suerte de hospedarme hace poco. En este espacio natural protegido de la bahía de Fornells, Isabel Mayor está recuperando desde hace dos años la actividad de unas salinas construidas a mediados del XIX. Entre junio y septiembre se cosecha manualmente la flor de sal (primera capa de escamas) cuando el agua marina se va evaporando en las balsas gracias al efecto conjunto del sol y del viento (si sopla norte seco, cristaliza mejor). Bajo la marca Flor de Fornells, esta emprendedora (y escritora) comercializa varias sales aromatizadas, entre las que destacan las de romero, comino y jengibre. Además, está empezando a investigar con la salicornia, planta que crece con abundancia en la finca. Una de las delicias que probé en su casa fueron los higos condimentados con una gota de aceite de oliva y flor de sal al comino. El proyecto de Isabel Mayor contempla compaginar la extracción de sal con servicios de turismo sostenible como el hospedaje de los usuarios del Camí de Cavalls, pues la reserva queda junto a este antiguo sendero litoral que circunda la isla. Costó muchos años recuperar el uso público de esta ruta, pero finalmente se consiguió -como todo- a base de pelea.

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