~ HUEVOS CON CHORIZO Y DRY-MARTINI

'El ángel exterminador', rodada en México en 1962.

Afiche de ‘El ángel exterminador’ , realizado por el polaco Kizymuska-Stokovska.

Llevo unos cuantos días pasándomelo pipa con Mi último suspiro, autobiografía de Luis Buñuel redactada por uno de sus mejores guionistas, el también genial Jean-Claude Carrière. Recomiendo esta lectura. El tono me recuerda, por momentos, a Josep Pla. Ambos sueltan lo que les viene en gana y provocan frecuentemente la carcajada, pero lo hacen como quien no quiere la cosa, probablemente de forma involuntaria. A veces, da la sensación de que no son conscientes del alcance de sus burradas, lo que dice aún más a su favor. Buñuel, de origen aragonés, supera al catalán en incorrección. Entre sus películas, me quedo con El ángel exterminador y Las Hurdes, tierra sin pan, “ensayo cinematográfico de geografía humana” rodado en 1933 y prohibido por la censura. Por entonces, los habitantes de esta comarca cacereña se alimentaban únicamente de alubias y patatas (sustituidas en mayo y junio por las cerezas). Extremadura sigue siendo, con Ceuta, la comunidad española más pobre, según el Anuario Económico 2013 de ‘la Caixa’, y Cáceres es la provincia líder en bares. Luis Buñuel dedica un capítulo completo, el titulado Los placeres de aquí abajo, a los bares y a sus tragos favoritos. Para Buñuel, el bar es “un ejercicio de soledad”, un lugar de meditación y “recogimiento alcohólico”, sin el cual la vida es “inconcebible”. El realizador tenía predilección por el dry-martini, ya que sube rápido a la cabeza, y en el citado capítulo da su fórmula para prepararlo. Debemos buena parte de su cine a las ensoñaciones que le provocó este cóctel. Además, la ginebra le ayudó a vencer su miedo a volar. Buñuel se lamenta de la decadencia del aperitivo alcohólico, “triste signo” de “una época  devastadora que todo lo destruye” y que “no respeta ni los bares”. En cuanto a las virtudes del alcohol, dice que si tuviera que enumerarlas, “no acabaría nunca”. En otro capítulo, titulado A favor y en contra, ofrece una relación de sus aversiones y simpatías, entre ellas las culinarias. Elogios para las sardinas en escabeche “como se hacen en Aragón”, adobadas con aceite de oliva, ajo y tomillo, y para los huevos fritos con chorizo, que le proporcionan “más felicidad que todas las langostas a la reina de Hungría u otros timbales de pato a la Chambord”.

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    • Tomeu
    • 13/12/13

    No dejes los libros a según quien. ¡Los libros buenos no se dejan a nadie!

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